sábado, 7 de enero de 2012

Escuchar con atención





Tony De Mello.
Extracto de Medicina del alma-Redescubrir la vida:


LA CAPACIDAD DE ESCUCHAR

« Es necesaria una cualidad para captar aquello que yo descubrí de repente diez años atrás y que revolucionó mi vida: la cualidad de escuchar, de comprender, de “ver”. Creo que, si mil personas me oyen y una escucha, si mil me leen y una ve, es un promedio bastante bueno.

« ¿Es difícil comprender la fórmula? Es tan sencilla que puede comprenderla un niño de siete años, ¿no es asombroso? En realidad, cuando pienso en eso hoy, me pregunto: ¿Por qué no la comprendí antes? No lo sé. No sé por qué no la comprendí antes. Pero así fue. Puede ser que cualquiera esté en condiciones de comprenderla hoy, aunque sea en parte. ¿Qué se necesita para comprenderla? Una sola cosa: la capacidad de escuchar. Eso es todo. ¿Eres capaz de escuchar? Si lo eres, podrás comprenderla.

« Ahora bien, escuchar no es tan fácil como podría parecer. La razón es que siempre escuchamos a partir de conceptos establecidos, de posiciones y fórmulas establecidas, de prejuicios...Escuchar no significa “tragar”; eso es credulidad:

-Él lo dice, yo lo acepto.

« No quiero que nadie me tenga fe cuando me escucha o me lee; las enseñanzas de la Iglesia o la Biblia se pueden tomar con fe, pero no lo quiero que me tomen a mí con fe. Deseo que cuestionen todo lo que digo, que reflexionen sobre mis opiniones.

« Escuchar no significa ser crédulo. Pero tampoco significa atacar. Lo que voy a plantear es algo tan nuevo que algunos pensarán que estoy loco, que no estoy en mi sano juicio. Por consiguiente, van a sentirse tentados de atacar. Si se le dice a un marxista que algo anda mal dentro del marxismo, lo primero que probablemente haga es atacar. Si se le dice a un capitalista que algo no está bien en el capitalismo, se alza en armas. Si se le dice a un norteamericano que en los Estados Unidos hay algo que no está bien, se enfurece. Y lo mismo sucede con los indios, si se ataca a la India, etcétera.

« Escuchar no significa creer ciegamente, ni tampoco atacar o simplemente estar de acuerdo. Me contaron acerca de un superior jesuita que tenía mucho éxito. Alguien le preguntó:

-¿Cómo es que usted tiene tanto éxito como superior?

-Muy sencillo; la receta es sencilla: estoy de acuerdo con todos – respondió.

¡Estaba de acuerdo con todos! Le objetaron:

-¡No hable tonterías! ¿Cómo puede usted tener éxito como superior estando de acuerdo con todos?

-Es cierto, ¿cómo puedo tener éxito como superior estando de acuerdo con todos? – fue su respuesta.

« ¿Qué se necesita para comprender la fórmula de la felicidad? Una sola cosa: la capacidad de escuchar.

« De modo que escuchar no significa estar de acuerdo conmigo; puedes discrepar conmigo y entenderlo, ¿no es asombroso? Escuchar significa estar alerta. Si estás alerta, estás observando, estás escuchando, con una especie de mente virgen. No es fácil escuchar con una mente virgen, sin prejuicios, sin fórmulas establecidas.

« Alguien me contó la historia de una persona que llevó a la práctica el famoso refrán:

“Quien por día una manzana come, al médico a distancia pone.” Bien, esta persona tenía un affaire con la esposa de un médico...y comía una manzana por día. Es decir, ¡había entendido todo al revés! Había partido de una fórmula establecida, de una posición mental rígida.

« Me contaron también acerca de un sacerdote que estaba tratando de convencer a un feligrés alcohólico de que dejara la bebida. Para ello llenó un vaso con alcohol puro y tomó una lombriz, dejándola caer en el vaso. La pobre lombriz comenzó a retorcerse y murió. Y el sacerdote le dijo al feligrés:

-¿Comprendiste el mensaje, Juan?

-Sí, padre, comprendí el mensaje... comprendí el mensaje...¿Sabe?, si se tiene un bicho en el estómago, hay que tomar alcohol.

¡Ay! ¡Vaya si comprendió el mensaje! Juan no comprendió el mensaje porque no estaba escuchando.


« Conozco otro caso en el que era el sacerdote el que no estaba escuchando. En efecto, cuentan acerca de un alcohólico que fue a ver al cura párroco, el cual, como estaba leyendo el diario, no quería que lo molestaran.

-Disculpe, padre.

El padre, fastidiado, lo ignoraba.

-Eh, disculpe, padre.

-¿Qué pasa? – preguntó el párroco.

-¿Me podría decir qué produce artritis, padre?

El padre seguía fastidiado:

-¿Qué produce artritis? Beber produce artritis; eso es lo que produce artritis. Salir con mujeres fáciles produce artritis; eso es lo que produce artritis. Dedicarse al juego produce artritis; eso es lo que produce artritis. ¿Por qué lo preguntas?

-Porque aquí, en el diario, dice que el Santo Padre tiene artritis.

El párroco no había estado escuchando.

« Bueno, si estás preparado para oír algo nuevo, sencillo, inesperado, opuesto a casi todo aquello que te han contado hasta ahora, entonces quizás escuches lo que tengo que decir, quizás lo comprendas. Cuando Jesús enseñaba la Buena Nueva, creo que fue atacado no sólo porque lo que enseñaba era bueno, sino porque era nuevo. Odiamos todo lo que es nuevo:

-No quiero oír nada nuevo; denme las viejas cosas.

« Si rechazamos lo nuevo, no estamos dispuestos a escuchar.

Pero si lo aceptamos sin discriminar, tampoco estamos escuchando.

No nos gusta lo nuevo; es demasiado molesto, demasiado liberador.

Si rechazamos lo nuevo, no estamos dispuestos a escuchar.

Pero si lo aceptamos sin discriminar, tampoco estamos escuchando. Buda lo dijo de una manera muy hermosa: “Monjes y discípulos no deben aceptar mis palabras por respeto, sino que deben analizarlas, de la misma manera que un orfebre trabaja el oro: seccionando, raspando, frotando, fundiendo.”

Así debe ser también con mis palabras. »


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