martes, 24 de septiembre de 2024

Los usos del conocimiento

 


EL CONOCIMIENTO REDENTOR

Hugo Betancur


El conocimiento humano ha sido fundamental en la identificación de patrones de comportamiento psicológico: los procesos mentales de atención, percepción y aprendizaje; la expresión de afectos, emociones, sentimientos y conductas; la representación de cada personalidad asumida o establecida como distintiva e individual -acostumbramos a decir “yo soy…”, “él es…”, "ella es…”.

También el conocimiento ha sido fundamental para resolver los conflictos y las crisis cuando los seres humanos que los afrontamos mostramos una disposición apacible. El conocimiento ajustado a la realidad favorece las transiciones oportunas y permite la disipación de las tormentas psicológicas.

Gramaticalmente, la palabra conocimiento es sinónimo de saber: asociamos estos dos términos con nuestro entendimiento y comprensión sobre aspectos de la vida y de los seres vivos

Decimos que alguien es sabio cuando logra describir o interpretar la esencia y veracidad de las actuaciones humanas y de los eventos de la naturaleza.

Decimos que alguien es ignorante o malintencionado cuando sus enfoques y conceptos carecen de veracidad o cuando discute con arrogancia sobre asuntos que desconoce.

Debemos manifestar el conocimiento verídico como una idea o elaboración de la mente que aflora cuando examinamos los acontecimientos con ecuanimidad.

Mientras más constante sea la observación sobre lo exterior y sobre las creencias albergadas en la mente, mayor será la expansión del conocimiento y de la consciencia.

Una actitud mental de resistencia a los cambios y de rechazo a los eventos que suceden nos lleva a los conflictos, a las pugnas, al sufrimiento: nos quedamos pasmados procesando muy lentamente los sucesos en nuestras mentes mientras la vida progresa.

Así como los fenómenos físicos evidencian los movimientos de cambio en la naturaleza, las transiciones que hacemos evidencian los procesos psicológicos que logramos resolver -porque experimentamos un estado de tranquilidad- o los que no desenredamos -porque siguen reverberando como ondas mentales inquietantes.

Los conflictos surgen de circunstancias propiciadas por los participantes; para resolverlos, ellos deben hacer cambios en sus acciones.

Los personajes empeñados en imponer sus creencias y autoridad sobre los demás están convencidos de que son más importantes e inteligentes y se tornan tiránicos y agresivos contra ellos. No confrontan sus ideas distintas para convenir  acuerdos sino para medir su poder y talvez su fuerza. Su interés no está orientado hacia un conocimiento que sirva de puente sino hacia presunciones amañadas para doblegar a otros.

Cuando las actitudes psicológicas son antagónicas, los egos se tornan desenfrenados y hostiles -alguien debe vencer y alguien debe ser vencido; no prevalecen las categorías de veracidad y  racionalidad sino las posiciones de poder y avasallamiento.

Las ideas egocéntricas nos impiden alcanzar una visión coherente de la realidad.  Quienes asumen un conjunto de creencias como sus verdades   incuestionables no logran reconocerlas como sus interpretaciones particulares, inestables y ambiguas, que distorsionan y  confunden su interpretación de la realidad.

Donde los egos imperan con sus mandatos y su maquinación, el conocimiento justo y evidente es relegado y  los conflictos no son resueltos -quedan latentes, represados temporalmente como el agua de un rio caudaloso que la montaña derrumbada impide avanzar.

En muchas ocasiones, nuestro tiempo psicológico no coincide con el tiempo de los relojes y los calendarios y nos quedamos rezagados en nuestras protestas y lamentaciones pretendiendo retraer las situaciones para cambiar el libreto representado -lo que no es posible cuando mantenemos vigentes los conflictos, las culpas, las adversidades.

Los gurús de las ilusiones aseguran que todos nuestros sueños son realizables y que debemos confiárselos al universo para que nos sean manifestados tal como los concebimos. Sabemos que las ilusiones y los sueños son fantasías de las mentes, que nos llevan al desengaño, a la desilusión y a la frustración (en contraste, los proyectos y planes que estén en la avenida de nuestro destino sí logramos conformarlos porque resuenan con nuestras opciones de elección).

Hugo Betancur (Colombia).

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Agregado:

[El filósofo griego Heráclito de Éfeso (550-480 a.C) proclamaba: “Todo fluye, nada permanece”.  En otro ámbito geográfico, su contemporáneo del norte de la India, Siddhartha Gautama, el Buda (563-483 a.C.) pregonaba que “todo lo existente es impermanente, transitorio”.

Thich Nhat Hanh, monje budista de origen vietnamita (1926-2022), afirmaba:

*-"Tu concepto o percepción de la realidad no es la realidad. Cuando quedas atrapado en tus percepciones e ideas, pierdes la realidad". 

-"Tenemos que examinar de cerca nuestras relaciones para ver si se basan principalmente en la necesidad mutua o en la mutua felicidad". 

-"Algunas personas están consumidas por los recuerdos y pensamientos del pasado. Su duelo, su pena y sus lamentos los condenan a aprisionar su vida en un pasado doloroso. No pueden vivir en el momento presente como personas libres".

*Adriana Méndez. Las 110 mejores frases de Thich Nhat Hanh. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/reflexiones/frases-thich-nhat-hanh ].

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domingo, 8 de septiembre de 2024

¿Qué tan inteligentes somos?


¿QUÉ TAN INTELIGENTES SOMOS?

Hugo Betancur

 

Lo que hacemos nos puede atraer un reconocimiento de otros y de nosotros mismos como personajes inteligentes si lo que alcanzamos representa bienestar, armonía, progreso -quizá reflejados en un aspecto afable, en una atención plena a lo que sucede en el presente, en un trato considerado, en un apetito sobrio y en un sueño tranquilo; en resumen, en la ausencia de ansiedad que nos distraiga y de depresión que nos abrume. (También como personajes inteligentes podemos manifestarnos conmocionados transitoriamente por las circunstancias, en un estado desapacible y de aflicción que podamos identificar y que estemos dispuestos a superar consciente y oportunamente).

Para afirmar esa imagen de inteligentes, nos corresponde asumir los acontecimientos y procesarlos en nuestras mentes como episodios inevitables de nuestro destino; también nos corresponde afrontar los cambios, los aprendizajes y las soluciones apremiantes que nos liberen de los conflictos y de las crisis o que nos permitan atravesarlos.

Es posible que la inteligencia* tenga como requisitos la comprensión y la compasión para no engancharnos en las contiendas ocasionadas por los sucesos y las pugnas humanas, donde nuestros egos exhiben su ambición, su destructividad y su endeble vanagloria.

Culturalmente, muchos conceptos han sido relacionados con la definición de la palabra “inteligencia”. Podemos considerarla como la capacidad de un ser humano de percibir en su mente la realidad que contempla o analiza con enfoques lógicos y coherentes que representen sus propiedades para que otros puedan aceptarla como cierta.

Nuestra observación debe acogerse a las cualidades de lo que enfocamos y a su entorno de manifestación -una mariposa que aletea en el campo expresa su libertad ilimitada y una que revolotea en una habitación cerrada no logra encontrar su salida hacia el amplio espacio exterior.

Respecto a otros seres humanos, una actitud de empatía con ellos y sus acciones nos permite describir o entender su estado psicológico y nos permite hacer un juicio ajustado a lo que son -procediendo así, logramos rebasar nuestras conjeturas inconsistentes y nuestras suposiciones erradas.

Podemos deducir que un ser humano inteligente elige la interpretación más plausible y útil para establecer sus relaciones y sus acciones, teniendo la premisa de no causar daño a otros y no exponerse a daños que estos le pudieran infligir cuando se sienten afectados.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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*El término ‘inteligencia’ proviene de los vocablos latinos  intelligentia o intellēctus, derivados del verbo intellegere -compuesto de inter («entre») y legere («leer, escoger»)- y la definimos como  disposición a  comprender o percibir justamente.

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domingo, 1 de septiembre de 2024

¿Qué podemos perdonar?


¿QUÉ PERDONAMOS?

Hugo Betancur

 

Probablemente debamos perdonar los veredictos de culpa que hemos decretado contra otros por sus acciones: reprobamos sus comportamientos considerando que nos han hecho daño, que han afectado nuestros intereses y expectativas, que han defraudado nuestras creencias y normas.

Muchas veces nos empecinamos en mantener vigentes esas culpas y los hechos que las motivaron y nos declaramos adversarios de los autores y los eventos. Llevamos esas cargas agobiantes mientras nuestras existencias van declinando y mientras retraemos obsesivamente los recuerdos adversos con una persistencia enfermiza y dolida.

En toda relación suceden eventos protagonizados por los personajes que participan -son solo eventos donde cada uno realiza su acto según las condiciones temporales y según su idiosincrasia*.

Podemos deducir que los ejecutantes eligen qué hacer según las opciones disponibles para cada situación y convergencia -en la vida pasa algo similar a lo que sucede en una partida de ajedrez donde los contrincantes mueven las piezas en el tablero limitados a escoger solamente las jugadas posibles.

El perdón es un retorno a la cordura. Nos permite deshacer los yugos que nos hemos impuesto siguiendo los sistemas de creencias disociadores que heredamos o elaboramos y nos permite también deshacer la soberbia y vanagloria de la importancia personal.

Para que podamos establecer el perdón en nuestras mentes debemos comprender que todo lo que ocurre son eventos de la historia común, tan intempestivos e inevitables como el derrumbe de una ladera de montaña donde la presencia de  corrientes de agua subterráneas y la falta de árboles socavan la firmeza del terreno.

Aquellos que juzgamos con sentimientos de ataque y de rechazo sólo hicieron lo que era posible para su personalidad y las circunstancias de sus vidas.

Nuestros juicios sobre ellos y sobre los sucesos experimentados son tan inútiles y arbitrarios como nuestros lamentos y nuestras amarguras: son sólo dramas de llanto y autocompasión con que nos embelesamos en nuestros duelos rituales y nuestras fantasías sobre la felicidad subjetiva que imaginamos y que no nos fue prodigada porque los concurrentes no podían darnos ese presente exigido o reclamado.

Cuando juzgamos a otros los sometemos a la lógica** de nuestras creencias y desdeñamos las limitaciones y el libre albedrío de su personalidad.

A quien elabora la culpa le corresponde decidir la absolución.

En el interior de cada uno de nosotros está la comprensión y no afuera.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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*IDIOSINCRASIA: “Conjunto de los rasgos y el carácter distintivos de un individuo o comunidad”, según definición de la RAE para esta palabra.

** LÓGICA: “La palabra lógica, del griego "λογική - λογικός" (logikê-logikós), a su vez de logos: razón. Ciencia que enseña a raciocinar con exactitud”.

https://etimologias.dechile.net

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lunes, 19 de agosto de 2024

Una filosofía de vida

 



UNA FILOSOFIA DE VIDA

Hugo Betancur

 

Una filosofía de vida es una manera inteligente de contemplar el mundo  -es algo así como verlo con un filtro* de comprensión que modifique y mejore la apariencia de las imágenes que percibimos.

Podemos llamar también a esa filosofía un sentido de la vida -a veces indagamos sobre el sentido de algún asunto o de alguna acción o  creencia; en ocasiones afirmamos que algo tiene sentido o que no  lo tiene, según nuestro parecer.

Que tengamos una filosofía** de vida es una fortaleza y también una disposición o actitud mental decidida por quienes acogemos ese designio.

Instauramos una visión preconcebida que nos permita contemplar el presente según nuestro modo propio y nuestros propósitos  y no según las tradiciones y calificativos  ajenos que nos han cargado -interactuamos con los seres vivos en nuestro plano de tiempo y nos integramos a los escenarios en que nos movemos todos, manifestándonos y expresándonos en lo que llamamos realidad, nos desempeñamos como espectadores atentos a lo que sucede ante nosotros.

Una filosofía de vida nos sustenta mejor que un montón de ideales que pretendamos ajustar a las circunstancias y a los  actores, pues cada momento tiene sus colores y su trama. Ni los demás ni nosotros cabemos en esos moldes prefabricados.

Hemos oído sobre otras “filosofías” que no encajan con el significado de esa palabra: "filosofía del sufrimiento", "filosofía del temor", "filosofía del fracaso", "filosofía de la incertidumbre" -¿acaso podemos asociar razonablemente la sabiduría con estas formas mentales que traen pesimismo, tristeza y malestar a quienes las padecen?

Una filosofía de vida tal vez nos  guie a ejercer como amos de nuestro destino haciéndonos conscientes de nuestros dones y nuestras deficiencias para que podamos emprender los aprendizajes y los cambios oportunos -que son responsabilidad y tarea de cada uno.

Es posible que una filosofía de vida nos torne reflexivos, tolerantes, pacientes, más dispuestos a las soluciones y los acuerdos, y reacios a participar en conflictos y pugnas.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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*“Poner un filtro” es una técnica aplicada por los diseñadores gráficos para modificar o mejorar una imagen. Con este procedimiento podemos atenuar o intensificar los colores, hacer más nítida una fotografía, resaltar bordes o líneas de alguna ilustración o retrato.

**Etimológicamente,  la palabra “filosofía” tiene su origen en el griego philosophia (φιλοσοφία). “Philosophia” es vocablo conformado por las raíces  “phílos” (φίλος) -“amigo” o “amante”, y “sophía” (σοφία) -“sabiduría”. Le damos el significado de   “amor a la sabiduría” o “amor al conocimiento”.

La filosofía comprende otros conceptos afines: conocimiento, entendimiento, comprensión,  consciencia, razón, ética, moral…

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sábado, 10 de agosto de 2024

Idiotas morales de todos los tiempos


LOS IDIOTAS MORALES,

CAUSANTES DE MISERIA Y SUFRIMIENTO

Hugo Betancur

 

Un “idiota moral” es un término aplicable a humanos que actúan según las prioridades que sus egos determinan, rechazando los principios y los valores morales para saquear los entornos de su influencia y satisfacer su codicia y sus conquistas.

[La denominación “idiota moral” la acuñó Norbert Bilbeny i Garcia ensayista español].

Los idiotas morales rechazan las pautas morales sociales de convivencia respetuosa, responsable y cooperativa y desdeñan los principios éticos -propiciar el bien común y no causar daños a otros. Enfocan sus objetivos en la obtención de utilidades y puestos de poder mientras fingen empatía con los burócratas o con masas de población susceptibles a su seducción y sus engaños

Es posible que los idiotas morales tengan una capacidad de razonamiento y de juicio sobre sus comportamientos; sin embargo, aplican estos atributos en elaborar sus tramas y discursos que les permitan escalar posiciones y acaparar recursos materiales.

Aparecen tímidamente en escena, como personas comunes y van resaltando astuta y progresivamente como lideres y funcionarios que manejan asuntos importantes en instituciones y dependencias políticas.

“El idiota moral puede conseguir imitar o simular una emoción y hacernos creer que tiene buenos sentimientos”. *

Los idiotas morales se apropian de las jerarquías en los gobiernos, en los ejércitos, en las empresas, en las organizaciones religiosas. Para consolidar su grandiosidad se sirven de subordinados que también ejercen como idiotas morales de menor sofisticación y categoría maquinadora, y revestidos además con un servilismo desbordante.

Los idiotas morales deciden las ideologías convenientes y los procedimientos que deben ser obedecidos por las masas subordinadas a su jerarquía: ellos desatan las guerras, las leyes opresivas y los sistemas políticos que deben regir las naciones, ellos decretan a que dioses y a que ideologías deberán doblegarse los pueblos.

En la línea del del tiempo, los idiotas morales han sido una plaga siniestra enquistada en las historias de los pueblos, desempeñándose como jerarcas, césares, emperadores, reyes, lideres religiosos, zares, generales, políticos, presidentes, dictadores, déspotas, mafiosos, jefes de grupos armados -todos ellos con un prontuario criminal escabroso.

Los idiotas morales avasallan los valores éticos indispensables para que la humanidad progrese bajo una consigna suprema de libertad y de protección de la vida.

Estos idiotas morales han propagado epidemias de guerras, destrucción, homicidios, genocidios, dolor y sufrimiento, opresión y esclavitud, sustentados en consignas amañadas de libertad, progreso y cambios sociales.

 

Hugo Betancur (Colombia)

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*La palabra idiota proviene del griego ιδιωτης (idiotes): se refiere a quien no se ocupaba de los asuntos públicos, sino solo de sus intereses particulares.

Norbert Bilbeny escribió en 1993 “El idiota moral”; un ensayo sobre la banalidad del mal en el siglo XX. La “banalidad del mal” fue un calificativo que  aplicó  la filósofa alemana de origen judío Hannah Arendt a las ejecuciones de los criminales nazis tras su experiencia del juicio de Adolf Eichmann, uno de los principales organizadores del Holocausto, procesado en 1961.

Expone Bilbeny en su libro:

“El dictador totalitario de nuestro siglo, o cualquiera de sus lúgubres oficiales, admite de palabra o de hecho que el fin justifica los medios. Ante todo creen en la obediencia y la eficacia, para lo cual no hay que buscar sólo entre militares, políticos o funcionarios…”.

Y clasifica Bilbeny a los “idiotas morales” en la misma condición de los psicópatas:

“La insensibilidad en los psicópatas es asimilada a la falta de sentido moral (lack of moral sense); su “falta de afecto” es, centralmente, la incapacidad para ponerse en el puesto de otro (lack of empathy); su incapacidad para sentir angustia viene a resolverse, de hecho, en la llamada falta del sentimiento de culpa (lack of guilt)”…

“La sociedad de idiotas morales es también una sociedad sonámbula tanto como de seres impasibles: no sienten, pero tampoco se cuestionan a sí mismos”.

[Norbert Bilbeny i Garcia (Barcelona, 1953) es catedrático de ética en la Universidad de Barcelona].

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