PROPÓSITOS, PLANES, ESPERANZAS
Hugo Betancur
El amor hacia la vida y nuestra reverencia
hacia sus manifestaciones son los propósitos esenciales que deberíamos asumir
para transitar sanamente nuestras existencias.
Tal vez nuestros propósitos básicos
como seres humanos estén fundamentados
en la obtención de beneficios propios y en la complacencia de nuestros
requisitos de bienestar y progreso.
Escuchamos frecuentemente estos mantras
colectivos de los propósitos particulares: “Mi sueño es triunfar como
profesional en…”, “Mi objetivo en la vida es conseguir un trabajo que me brinde
seguridad económica y recursos
abundantes”, “Quiero encontrar la pareja de mis sueños”, “Quiero tener
casa propia”, “Quiero viajar y conocer el mundo”, “Quiero ser feliz”, “Quiero
tener riquezas”, “Quiero ser famoso como…”, “Quiero…”, “Quiero…”, “Quiero…”.
Los propósitos son proyecciones comunes con
que revestimos de sentido los tiempos del ahora y con que conjeturamos
resultados que nos deberá proveer el porvenir incierto.
La palabra propósito proviene del término latín “propositum”, formado con el prefijo
“pro” -hacia adelante-, y “positum”, el participio del verbo “ponere” -poner”.
En las culturas humanas, los propósitos son
alicientes que incentivan nuestro ánimo y nuestra voluntad. Esos propósitos nos
sustentan y nos fortalecen para atravesar situaciones difíciles, crisis y
retos, y para trascenderlos.
Nuestros propósitos deben estar ajustados a
nuestros dones y talentos para que podamos configurarlos acertadamente.
Nuestros propósitos son motivos que afianzamos
en la esperanza y en la recompensa, son los principios que guían nuestras
acciones, nuestros aprendizajes y nuestras relaciones.
Aristóteles -filósofo griego nacido en el
año 384 antes de Cristo- en su texto “Ética
a Nicómaco”, su hijo, argumentaba que las acciones humanas iban dirigidas a la
búsqueda de la eudemonía o felicidad, que
consideraba como el bien supremo.
Cuando los propósitos están ausentes, es
posible que las vidas de quienes padezcan esta carencia sean muy calamitosas y
devastadoras -lo que los hace aparecer como personajes planos y apagados en la interacción
social.
Enfocadas en esos múltiples propósitos de
cada ser humano, hay unas mentes pendientes por lograr sus objetivos -decimos a
veces de alguien que “su proyecto de vida es muy ambicioso” o que “es muy
egoísta y solo busca lo que le favorece”.
Muchos personajes logran el cumplimiento de sus propósitos de fortuna y poder causando malestar y miseria a grandes masas de población, degradándolas. Los líderes violentos -tiranos, gobernantes depredadores, autoridades de masas religiosas-, siembran de luto y sufrimiento a nuestro planeta con sus ejércitos serviles y obedientes, siguiendo sus obsesiones de opresión, rapiña, represión, culto a sus personalidades, imposición de sus ideologías y dogmas, instigación al crimen.
Considero que quienes promueven y dirigen
las acciones violentas y destructivas contra otros padecen graves trastornos
mentales que los llevan a la estupidez de sus actos y a su fanatismo aniquilador
que solo puede ser contenido por adversarios más fuertes e inteligentes que
ellos, lo que conduce a la lógica de las guerras donde quienes van al campo de
batalla mueren, o quedan lisiados o se convierten en asesinos en nombre de las ideologías
de sus líderes. Los acontecimientos violentos dejan estigmas de sufrimiento y deudas por cobrar en la memoria de quienes fueron afectados.
La felicidad sustentada en la permanencia de lo útil y ventajoso y en la satisfacción
persistente de los intereses propios es solo una fantasía tan insostenible como
las fugaces Ilusiones que los magos presentan a su auditorio en sus funciones
engañosas, truculentas, inverosímiles, contrarias a las leyes de la física y de
la razón.
Resaltamos algunos asuntos y situaciones
cotidianas como muy significativas para
nosotros, -y en ocasiones minimizamos las elecciones de los demás en nuestro empeño por sobresalir
y presumirnos mejores que ellos.
El progreso de las comunidades humanas esta
basado en la asociación solidaria y en realizaciones de beneficio colectivo -los
propósitos de bienestar establecidos para provecho de las mayorías
poblacionales son loables e integradores.
La asociatividad por el bien común es una condición
evolutiva, que favorece a los pueblos en
su cultura, en sus instituciones y su florecimiento material y humano.
Los propósitos surgen de nuestra visión de
trascendencia en un mundo continuamente cambiante.
La transformación generosa de la vida que
va pasando es nuestro quehacer fundamental -en justicia, considero que es
también nuestro deber y nuestra responsable retribución.
Los propósitos tienen como objetivos y resultado el
éxito y la ganancia -alguien debe vencer y algo debe ser obtenido. Los propósitos malogrados son calificados como
perdidas o fracasos: los finales felices no fueron la
recompensa esperada y quienes los idearon deben hacer sus duelos y sus
justificaciones para relegarlos y mitigar sus frustraciones.
Hugo Betancur (Colombia)
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